top of page

El poder de las pymes para desencadenar el crecimiento económico

El Estado debe ser un facilitador para la creación de valor, que propicie un entorno para la innovación.

Colombia ha tenido un puesto privilegiado en la historia del desarrollo económico latinoamericano. Es el país con menos años de decrecimiento económico en la región (fenómeno que solo se ha presentado en 1999 y 2020), nunca ha sufrido ciclos hiperinflacionarios y ha reducido significativamente su índice de pobreza multidimensional, de un 30% a un 12% en apenas 14 años.



Aunque falte mucho camino para lograr una sociedad equitativa y donde haya suficiente para todos, es fácil olvidar que nuestros avances económicos son objeto de envidia en el continente.


Si bien no hay una única razón que explique el porqué hemos logrado este progreso, la realidad es que sí sabemos con certeza que el sector privado ha jalonado el crecimiento económico, que explica la mayoría de la reducción de pobreza y el aumento de prosperidad de la nación. Sólo para referencia, las 1.000 empresas más grandes del país representan un 83% de nuestro PIB (Supersociedades, 2023) y los ‘Grandes Contribuyentes’, una clasificación tributaria que incluye a 2.536 empresas, entregan el 65% del recaudo total de la Dian. Las grandes empresas nos han permitido tener el desarrollo del que hemos disfrutado hasta ahora, pero para el futuro de Colombia esto no es suficiente.



Solo Panamá y Paraguay, países que combinados tiene unos 10 millones de habitantes, han tenido un crecimiento anual del PIB promedio mayor al de Colombia, un país 10 veces más poblado que cada uno.



En Colombia, casi la totalidad del tejido empresarial está compuesto por pymes y, según Acopi y Anif, un 80% de los empleos del país se encuentran en las MiPymes. Por otro lado, el éxito del pequeño fragmento que son las grandes empresas ha sido su capacidad de activar palancas de crecimiento, por eso queremos pensar en cómo estas palancas pueden servir como lecciones para el resto del sector empresarial. A estos dos elementos, le queremos dedicar un mes entero de conversación en el Centro de Gerencia y Empresa de EAFIT.



Por otra parte, la productividad de las empresas depende directamente de la competitividad de las ciudades y de la competitividad de los países donde residen, que sirven de plataforma para competir en el mundo. En ese debate, siempre relevante, hay un foco que vale la pena traer al debate público con más frecuencia, y es la pregunta sobre cómo logramos que las empresas pequeñas se vuelvan medianas, y las medianas se vuelvan grandes, y así proyectar un crecimiento económico sostenido y competitivo a largo plazo que genere mejores resultados sociales.



Este debate, tan importante para Colombia, requiere de un mejor entendimiento, de una comprensión más profunda sobre la dinámica empresarial de las pequeñas empresas en Colombia. Cuando los mercados laborales en países como el nuestro son deficientes, muchos de los registros administrativos que figuran como empresas terminan metiendo en la misma bolsa a las empresas pequeñas de alto potencial y en crecimiento, a las organizaciones administrativas para autoempleo (por ejemplo, una persona que intercambia su labor en una panadería sin empleados y sin interés en crecimiento) y otras figuras legales de optimización tributaria sin ningún interés característico de lo que entendemos como una empresa. 


Esto nos lleva a muchas conclusiones relevantes. Por ejemplo, en una base de datos que conseguimos de Mincomercio, de 376.000 empresas, hay 146.345 de ellas sin ingresos operacionales, donde muchas de ellas ni siquiera crecen y la mayoría de estos registros son empresas que no pagan el costo del capital utilizado. Mejor dicho, como empresas valen poco más que nada: como autoempleo u optimización tributaria, seguramente.



Incluso, “despromediando” categorías, nos encontramos con un panorama evidente, y es que este segmento es una deuda y una oportunidad inaplazable. Si tenemos políticas específicas -basadas en la evidencia- para cada uno de estos segmentos, podemos lograr que la productividad de las empresas más exitosas se replique progresivamente para la mayoría de la torta económica del país.



Necesitamos que haya una red de incentivos que apunte a que los ciudadanos no solo trabajen por su propio bienestar -y así, indirectamente, por el del resto de los ciudadanos- sino también que haga posible a que esas miles de pymes ya existentes crezcan de manera sostenida y rentable. Necesitamos que el Estado sea un facilitador para la creación de valor, que propicie un entorno en el que la innovación sea posible. Un entorno flexible, en donde empezar una empresa, escalarla, cerrarla y venderla no sea el martirio regulatorio que es hoy, sino que sea un camino natural por el cuál el país navega su trayectoria a la productividad.



Ese país que nos soñamos tendrá empresas suficientes para no tener que recurrir a un autoempleo de subsistencia, tendrá normas tributarias tan simples y justas que no será necesario crear figuras jurídicas complejas para la optimización tributaria y en el que las pymes con potencial de crecimiento puedan llevarnos, como dice nuestra asesora Christine Ternent, a ser un país de 30.000 dólares per cápita.




2 visualizaciones0 comentarios

Comments


bottom of page