Empresas colombianas están por debajo de las latinoamericanas para enfrentar riesgos
- Suárez Consultoría

- 30 oct
- 5 Min. de lectura
El riesgo político y regulatorio se consolidó como la principal amenaza para el 43% de las empresas en el país, seguido de los riesgos financieros.

Em Brasil, 79% de las empresas afirma contar con mecanismos adecuados de gestión y respuesta ante crisis. Foto Solamente, olo el 44% de las compañías colombianas se consideran preparadas para gestionar los riesgos que amenazan su operación y sostenibilidad.
(62%) y muy lejos de naciones como Brasil, donde el 79% de las empresas afirma contar con mecanismos adecuados de gestión y respuesta ante crisis. En México es el 74%, en Chile llega a 57% y en Perú, el 55%.
Así lo muestra, Marsh, el corredor de seguros y asesor de riesgos líder en el mundo, al presentar junto con IPSOS los resultados del III Estudio de Riesgos Empresariales Latinoamericanos 2025, una investigación que analiza los principales desafíos y vulnerabilidades que enfrentan las organizaciones en la región.
Este estudio, basado en encuestas a 250 empresas latinoamericanas, ofrece una mirada detallada sobre la capacidad de resiliencia empresarial en un entorno caracterizado por la volatilidad, la incertidumbre económica y la transformación laboral.
Igualmente, revela que el 43% de las empresas en Colombia identifica los riesgos políticos y regulatorios como su principal amenaza, una proporción que refleja el impacto que tienen las decisiones gubernamentales, la inestabilidad normativa y los cambios en el entorno regulatorio sobre la planificación y ejecución empresarial.
En segundo lugar se ubican los riesgos financieros, señalados por el 41% de los encuestados, asociados al comportamiento de las tasas de interés, la inflación, la volatilidad cambiaria y el acceso al crédito.
“Esta percepción de inestabilidad y presión económica genera una alerta significativa, ya que podría impactar directamente la industria aseguradora, al reducir la contratación de pólizas y dejar a las empresas más expuestas en un momento de alta incertidumbre”, advierte Miguel Barros, líder del segmento Corporativo de Marsh Colombia.
El panorama colombiano contrasta con otros países de la región: en Brasil predominan las preocupaciones financieras (53%), en México los riesgos laborales (47%) y en Chile los políticos y regulatorios alcanzan el 58%. En Perú, la corrupción sigue siendo la mayor amenaza para el tejido empresarial.
Estas diferencias confirman que los entornos locales moldean la percepción y jerarquía de los riesgos, y que la respuesta empresarial depende tanto de la madurez de las instituciones como de la estabilidad económica y política.
El estudio evidencia que las empresas en Colombia enfrentan un escenario de volatilidad estructural, en el que confluyen factores externos —como las tensiones políticas o la desaceleración económica— con desafíos internos que presionan la sostenibilidad operativa.
De acuerdo con la investigación, tres preocupaciones concentran la atención de los líderes empresariales: mantener los costos bajos para seguir siendo competitivos, retener al talento especializado, y aumentar o mantener los ingresos del negocio.
Cada uno de estos desafíos fue mencionado por el 48% de las compañías consultadas, reflejando un equilibrio entre la urgencia financiera y la gestión de capital humano.
Pese a la complejidad del entorno, el análisis también detecta un optimismo moderado entre los empresarios. Según José Ramón Ojeda, líder del segmento Corporativo para Marsh Latinoamérica y el Caribe, “aunque las organizaciones reconocen la severidad de los retos actuales, mantienen una cautelosa confianza en su capacidad de adaptación y resiliencia”.
Uno de los aspectos más destacados del informe es la creciente relevancia del riesgo asociado al capital humano. En Colombia, el 53% de las empresas considera la gestión del personal como un riesgo prioritario, una cifra superior al promedio regional (46%).
Las preocupaciones más comunes incluyen el manejo de accidentes laborales, la escasez de talento calificado para posiciones clave, y las dificultades en los procesos de selección, atracción y retención de personal. Este hallazgo coincide con un contexto en el que las empresas enfrentan una fuerte competencia por el talento y deben adaptarse a nuevas expectativas de los trabajadores, como la flexibilidad laboral, la estabilidad y las oportunidades de desarrollo.
Además, el estudio sugiere que las tensiones sociales y los cambios en la regulación laboral contribuyen a elevar la percepción de riesgo en este frente, al incrementar los costos asociados a la contratación y la gestión de nómina, así como la exposición a conflictos sindicales o sanciones regulatorias.
A nivel regional, seis de cada diez empresas afirman sentirse preparadas para enfrentar los principales riesgos identificados. No obstante, la confianza en los sistemas de mitigación varía significativamente. En el caso de Colombia, el bajo porcentaje de empresas que se considera preparada (44%) evidencia una brecha importante entre la alta percepción de riesgo y la baja capacidad de respuesta.
El informe plantea que esta distancia podría deberse a tres factores principales: Recursos limitados para invertir en sistemas avanzados de gestión de riesgos, dependencia de estructuras tradicionales centradas en el cumplimiento y no en la anticipación y confianza excesiva en los controles existentes, sin una evaluación constante de su efectividad.
De hecho, el 51% de las empresas que no implementan nuevas acciones de mitigación argumentan que ya cuentan con sistemas internos suficientes. Sin embargo, esta autopercepción podría generar una falsa sensación de seguridad en un contexto donde los riesgos evolucionan con rapidez.
Otros obstáculos identificados incluyen los costos asociados a la implementación de nuevas medidas (35%) y la percepción de que algunos riesgos ya están cubiertos por los sistemas de salud y seguridad en el trabajo.
Cuando las empresas deciden avanzar en la gestión de riesgos, lo hacen impulsadas principalmente por la necesidad de garantizar la continuidad del negocio, mencionada por el 77% de los encuestados. Le siguen la reducción de costos y pérdidas (68%), la mejora de la eficiencia operativa (62%) y el aumento de la competitividad general (57%).
Estas motivaciones reflejan una visión cada vez más estratégica del riesgo: las organizaciones entienden que una gestión proactiva no solo protege frente a eventos adversos, sino que fortalece la sostenibilidad y la reputación corporativa. La forma de ejecutar
No obstante, Marsh advierte que la brecha entre la intención y la ejecución sigue siendo amplia. Mientras la mayoría reconoce la importancia de la mitigación, muchas empresas continúan operando bajo esquemas reactivos que se activan solo después de una crisis. La transición hacia una cultura de resiliencia preventiva aún es un reto pendiente.
El estudio también revela que, más allá de las diferencias por país, los riesgos laborales, políticos y financieros siguen siendo los tres grandes ejes de preocupación en Latinoamérica. En conjunto, estos agrupan el 73%, 68% y 67% de las menciones respectivamente.
En el caso colombiano, los riesgos laborales ocupan una posición particularmente relevante por su relación con la productividad, la rotación de personal y el cumplimiento normativo. Las compañías más avanzadas han comenzado a incorporar estrategias integradas de salud y seguridad en el trabajo, así como programas de bienestar que buscan reducir la accidentalidad y fortalecer el compromiso de los equipos.
Por su parte, la seguridad física y la seguridad de la información, que alcanzan el 45% y el 36% de preocupación regional respectivamente, se han convertido en focos emergentes. La digitalización de procesos y el auge del trabajo remoto han elevado la exposición a amenazas cibernéticas, lo que obliga a fortalecer la ciberseguridad y las políticas de protección de datos en todos los niveles de la organización.
El informe de Marsh concluye que el principal desafío para las empresas colombianas no está solo en identificar los riesgos, sino en transformar la gestión en una ventaja competitiva.
Para lograrlo, propone avanzar en tres frentes esenciales. El primero es integrar la gestión de riesgos a la estrategia corporativa, con participación directa de la alta dirección y el segundo consiste en adoptar una visión prospectiva, que priorice la prevención y la preparación frente a escenarios disruptivos.
Por último, se propone fortalecer la cultura organizacional, promoviendo la conciencia del riesgo en todos los niveles y funciones. Según Marsh, este cambio de enfoque permitirá que las empresas pasen de reaccionar ante las crisis a anticiparse a ellas, construyendo una resiliencia sostenible que combine eficiencia, adaptabilidad y confianza.
CONSTANZA GÓMEZ GUASCA
REDACCIÓN DE ECONOMÍA Y NEGOCIOS











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