De invertir a generar impacto: el nuevo desafío de la sostenibilidad empresarial

El IISAE 2026 estima que las 1.000 mayores empresas del país destinaron $8,6 billones a inversión social y $10 billones a inversión ambiental. Jaime Arteaga, autor del estudio, advierte que el desafío es sostener las apuestas y demostrar sus resultados.
Las empresas colombianas movilizan miles de millones de pesos cada año para financiar proyectos sociales y ambientales, pero el desafío ya no consiste solamente en aumentar esos recursos. La pregunta es cuánto desarrollo producen realmente y si las compañías son capaces de sostener sus apuestas durante el tiempo necesario para generar transformaciones.
El Índice de Inversión Social y Ambiental Empresarial (IISAE) 2026, elaborado por Arteaga LATAM, estima que las 1.000 empresas más grandes del país destinaron durante 2025 cerca de $8,6 billones a inversión social y $10 billones a inversión ambiental, entre recursos voluntarios y obligatorios. Las 318 compañías que participaron directamente en el estudio pertenecen a 15 sectores y sus ventas equivalen al 36% del PIB colombiano.
Para Jaime Arteaga, director de Arteaga LATAM, el tamaño de esos recursos confirma la importancia que ha adquirido el sector privado como actor del desarrollo. Pero considera que tan importante como el monto es la manera cómo se utiliza.
“La inversión para el desarrollo es significativa”, explicó Arteaga durante una conversación para la Semana de la Sostenibilidad de Forbes Colombia. A su juicio, los recursos empresariales pueden alcanzar altos niveles de eficiencia y su composición entre inversión voluntaria y obligatoria también revela las prioridades y los valores que persigue cada compañía.
Más recursos para el medio ambiente
Uno de los cambios más importantes identificados por el estudio está en la composición de esa inversión. Mientras los recursos destinados al componente ambiental aumentaron 45% frente a 2022, la inversión social se redujo 16%.
Sin embargo, existe una diferencia importante: el 81% de la inversión social es voluntaria, mientras que el 58% de los recursos ambientales corresponde al cumplimiento de obligaciones.
Arteaga considera que el cambio refleja en parte la creciente importancia que han adquirido los asuntos ambientales en la conversación pública y en las prioridades nacionales. Pero también advierte que las reglas aplicables a la inversión obligatoria pueden limitar su alcance.
Mientras la inversión social reportada por las compañías tiene presencia en el 98% de los municipios, la ambiental llega al 64%. El estudio identifica además vacíos en regiones de alto valor ecológico como la Amazonía.
“Buena parte de la inversión ambiental es de carácter obligatorio y presenta unas restricciones que deben ser revisadas si queremos que el impacto en los ecosistemas sea realmente significativo”, sostuvo Arteaga. En su opinión, existe espacio para conseguir mejores resultados y llevar más recursos hacia la Amazonía, la Orinoquía y el Chocó biogeográfico.
Medir no significa demostrar impacto
El IISAE encuentra otra paradoja. Las compañías han avanzado considerablemente en el seguimiento de sus programas, pero retrocedieron en mecanismos más sofisticados para establecer sus resultados.
El 94% utiliza indicadores clave de desempeño, frente al 85% un año antes. Sin embargo, la proporción que realiza evaluaciones de impacto cayó del 68% al 36%, mientras aquellas que calculan el retorno de la inversión social pasaron del 26% al 16%.
Para Arteaga, una parte de la respuesta está en algo más elemental que las metodologías de medición: la continuidad.
“Muchas veces se puede invertir muy poquito, pero en un mismo tema de manera consistente en el tiempo puede hacer transformaciones irreversibles”, afirmó. En sentido contrario, grandes inversiones concentradas en un asunto puntual y que después desaparecen pueden producir cambios que no se sostienen.
Arteaga menciona como ejemplo iniciativas empresariales que han sobrevivido durante décadas. Una de ellas es el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar, respaldado históricamente por Grupo Bolívar. Otra es el trabajo de largo plazo de la Fundación Corona alrededor de asuntos relacionados con democracia y ciudades.
La cantidad de dinero, sostiene, no necesariamente determina el alcance de una iniciativa. “Las empresas necesitan unas causas que sostener en el largo plazo y, en últimas, al mercado y a la gente no le importa cuánto, le importa el qué. ¿Cuál es su causa? ¿Cuál es la causa que representa los valores de su compañía?”.
La relación con las comunidades
Precisamente allí aparece uno de los resultados más sensibles del IISAE. Entre 2024 y 2025, la proporción de empresas que reportó alianzas con las comunidades cayó del 63% al 39%. También disminuyó la articulación con el sector público, del 40% al 28%, y con la cooperación internacional, del 15% al 9%. En contraste, las alianzas con otros actores privados aumentaron ligeramente, de 54% a 57%. Arteaga cree que el resultado debe analizarse dentro de un contexto más amplio de deterioro de la confianza y considera necesario reconstruir espacios de colaboración alrededor de objetivos comunes.
Para las compañías, sostiene, el desafío consiste en entender mejor las conversaciones y prioridades de los ciudadanos y mantener causas que resulten coherentes con las necesidades de las sociedades en las que operan.
El problema adquiere especial relevancia cuando se trata de desarrollar infraestructura. Las dificultades para construir líneas de transmisión, proyectos de generación o explotaciones mineras suelen asociarse con territorios apartados y comunidades étnicas, pero Arteaga considera que el fenómeno es mucho más amplio y abarca hasta las grandes ciudades del país.
Reportado por Narciso De la Hoz G. Fuente: FORBES COLOMBIA https://forbes.co/foros-forbes/de-invertir-a-generar-impacto-el-nuevo-desafio-de-la-sostenibilidad-empresarial





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