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La sostenibilidad como un reto para grandes y pequeñas empresas: así se ha vuelto clave para el negocio

hace 3 horas
9 min de lectura

La sostenibilidad como un reto para grandes y pequeñas empresas: así se ha vuelto clave para el negocio

Foro de sostenibilidad de Portafolio. Foto: Portafolio La sostenibilidad como un reto transversal en las empresas fue el tema principal de uno de los paneles finales del Foro de Sostenibilidad de Portafolio. Los retos que se derivan para las pymes y las grandes empresas son diferentes, pero cada tipo de empresa aporta a su manera a avanzar en los objetivos para Colombia. El panel "Empresas con propósito" reunió a tres voces influyentes en el área: Sergio Rengifo, representante de Secodes (Consejo Empresarial Colombiano para el Desarrollo Sostenible);  Adriana Solano Luque, presidenta del Consejo Colombiano de Seguridad, y Lina González, directora de Sostenibilidad del Grupo Aval.   Los panelistas estuvieron de acuerdo en que la sostenibilidad dejó de ser un asunto limitado a los reportes corporativos o a las iniciativas ambientales y pasó a ocupar un lugar cada vez más cercano al corazón de las decisiones empresariales.  

Sostenibilidad empresarial y estrategia: por qué ya no puede estar separada del negocio La primera intervención fue de Sergio Rengifo, quien explicó que Secodes, organización que trabaja desde 1993 en Colombia y hace parte del Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible, ha impulsado una mirada empresarial sobre estos asuntos. “Hoy en día la sociedad tiene que estar en la toma de decisiones, en la innovación, en los temas financieros, en la cadena de valor, es fundamental e importante”, señaló.

Rengifo citó un estudio realizado por el consejo mundial, que consultó a cerca de 500 líderes empresariales en casi 50 países, y aseguró que el 92 por ciento considera que la sostenibilidad será un diferencial competitivo durante los próximos cinco a diez años. A partir de ese escenario, resumió la transformación con una frase contundente: “La única forma de hacer negocio se llama sostenibilidad”.

El planteamiento supone un cambio en la manera de administrar los riesgos, ya que las compañías deben anticiparse a fenómenos que pueden afectar sus operaciones, en lugar de reaccionar cuando el problema ya ocurrió.

“Hagamos buenos negocios gestionando los riesgos sociales y ambientales a través de un buen gobierno corporativo”, afirmó. En ese sentido, puso como referencia la necesidad de prepararse ante fenómenos como El Niño o La Niña y adaptar infraestructura y procesos antes de que los impactos terminen convirtiéndose en emergencias.

Para Adriana Solano, la evolución también ha sido evidente. La sostenibilidad pasó de iniciativas individuales a esquemas relacionados con el valor compartido, luego a sistemas de gestión y reporte, y finalmente a una visión vinculada con la permanencia de las organizaciones. “La permanencia, la perdurabilidad organizacional se da en el sentido cuando yo estoy pensando en el lugar del otro”, afirmó durante el panel.

Ese cambio incorpora de manera más directa a trabajadores, comunidades, accionistas y otros grupos relacionados con las compañías. El Consejo Colombiano de Seguridad, que lleva 72 años de trabajo en Colombia, ha encontrado en esa evolución una conexión especialmente importante con el cuidado de las personas.   Adriana resumió la nueva expectativa empresarial con una frase que amplía el alcance de la sostenibilidad: “Nadie quiere hacer negocios con quien no lo hace bien, que no lo hace de manera sostenible responsablemente”.

Desde Grupo Aval, Lina González planteó una visión similar, aunque vinculada directamente con el propósito corporativo. La organización denomina su estrategia “ROE sostenible”, concepto que resume como “rentabilidad con propósito, oportunidades para todos y equilibrio con el planeta”. La idea, explicó, es que los componentes no funcionen de manera aislada. “Una no funciona con la otra, como decías, esto es integral”, afirmó.

Por eso, la sostenibilidad aparece conectada con variables que tradicionalmente han estado en el centro de la administración empresarial: rentabilidad, generación de empleo, manejo de riesgos, relación con clientes y proveedores y reducción de impactos ambientales. Para la representante del Grupo Aval, la discusión no consiste en añadir una iniciativa más a la operación, sino en incorporar estas variables a la manera en que se toman las decisiones y se desarrolla el negocio.

Sergio Rengifo también enfatizó en el liderazgo. Según explicó, la aceleración depende de la convicción de la alta dirección y de las juntas directivas. “Uno puede tener buenas ideas, pero que se ejecuten es otra cosa”, señaló. También insistió en que las compañías deben priorizar y no intentar resolver simultáneamente todos los desafíos que aparecen alrededor de la sostenibilidad.

Para ilustrar esto utilizó el ejemplo de una empresa de alimentos que contrató a un ingeniero ambiental para reducir el consumo de agua. Aunque el proyecto logró disminuir el uso del recurso, Rengifo explicó que el ahorro obtenido era inferior al salario del profesional.

La conclusión planteada durante el panel fue que las iniciativas deben conectarse con la lógica económica del negocio y comenzar por asuntos que sean financieramente relevantes para la compañía.

Riesgos climáticos, finanzas y cadenas de suministro toman protagonismo   La gestión anticipada de los riesgos fue otro de los puntos centrales. Adriana Solano sostuvo que la capacidad de identificar lo que puede ocurrir debe formar parte de la operación empresarial, incluyendo factores climáticos, geopolíticos, tecnológicos y relacionados con el capital humano. “La gestión del riesgo es esa capacidad anticipatoria que tenemos que tener tanto a nivel operativo como organizacional”, explicó.

Los efectos climáticos, agregó, pueden llegar directamente al funcionamiento de las empresas y a las condiciones laborales. Durante el panel mencionó el caso de Barranquilla, donde, según relató, se presentaron tres días de lluvia y en una de esas jornadas cayó lo que normalmente debería haber caído en tres meses.

También planteó el impacto de las altas temperaturas sobre actividades agrícolas y trabajadores que pueden llegar a no estar en condiciones de permanecer expuestos al sol durante determinadas horas.

En el sector financiero, Lina González explicó que la sostenibilidad también se está incorporando a la evaluación del riesgo crediticio. Las entidades financieras de Grupo Aval utilizan el Sistema de Administración de Riesgos Ambientales y Sociales, conocido como SARAS.

De acuerdo con la ejecutiva, esta metodología fue aplicada a más de 9.000 operaciones de crédito durante el último año, incorporando variables ambientales y sociales a procesos de financiación.

El reto, según Lina, también está del lado de las empresas que buscan financiación, pues se necesita mayor disponibilidad de información sobre sus impactos y prácticas. En este punto, señaló que el tejido empresarial colombiano está compuesto en un 98 por ciento por micro, pequeñas y medianas empresas. Para ellas, el papel de las entidades financieras no debería limitarse a revisar requisitos. “No es poner trabas, es acompañarlo”, dijo.

González explicó que una solicitud de crédito para financiar una línea de empaques puede abrir preguntas sobre la posibilidad de reciclarlos, darles una segunda vida o reducir el uso de productos de un solo uso. En materia de financiación sostenible, además, mencionó instrumentos como los bonos sostenibles, sociales y verdes.

Sin embargo, aclaró que la discusión no gira necesariamente alrededor de conseguir una tasa menor. “Realmente acá el tema, la discusión no es de tasa, porque el mercado pues tiene la tasa”, señaló.

La sostenibilidad también está cambiando la conversación alrededor de las cadenas de suministro. Adriana Solano afirmó que el 94 por ciento de las empresas en Colombia son pequeñas y medianas, y muchas dependen de relaciones comerciales con grandes compañías. Por eso, consideró que las empresas de mayor tamaño tienen un papel relevante en el acompañamiento de sus proveedores directos y de segundo y tercer nivel.

Ese proceso, explicó, implica trabajar sobre condiciones laborales, prácticas ambientales, formalización, productividad y capacidad para demostrar resultados. “No es lo que yo pienso que yo lo estoy haciendo de manera sostenible”, sostuvo Adriana. En su lectura, las compañías compradoras necesitan proveedores productivos e innovadores, pero también deben reconocer los esfuerzos que estos hacen para avanzar en sostenibilidad.

Solano también señaló que todavía existen procesos en los que la selección de proveedores se concentra principalmente en cuánto cuesta un producto o servicio, sin valorar suficientemente las inversiones realizadas en trabajadores, ambiente o comunidades.

"Entonces, yo creo que tenemos que tener esa coherencia, ese trabajo desde la cadena de suministro y creo que ahí estamos en el refrán que decía siempre mi papá. 'Yo no te voy a dar el pescado, no te lo voy a regalar, sino te voy a enseñar a pescarlo'. Y yo creo que esa es un poco nuestra visión en ese sentido", dijo Solano.

Sostenibilidad empresarial: del impacto en las comunidades a la continuidad de las mipymes La discusión sobre sostenibilidad también llegó al terreno de las comunidades y las cadenas de suministro, donde los panelistas plantearon que el impacto empresarial no depende únicamente de entregar recursos.

Sergio Rengifo recordó la experiencia de Secodes con el concepto de negocios inclusivos, introducido en Colombia en 2007, y un proyecto desarrollado durante casi una década en los Montes de María. “Hay que ayudar a las comunidades, pero siempre, no diciendo ‘pongan a producir tal cosa’, sino ‘¿a quién le van a vender lo que van a producir?’. Esa es la primera pregunta que se va a hacer cualquier iniciativa que queramos hacer”, explicó.

Puso como ejemplo una eventual necesidad de Postobón de comprar mango y explicó que el acompañamiento debe permitir que las comunidades produzcan con la calidad requerida, reciban asistencia técnica y, sobre todo, tengan garantizada la compra. “Es una transferencia de conocimiento, hay que llamar la oferta institucional, Sena, capacitación en esto, porque las empresas tienen derecho, digamos, a la capacitación del Sena, vincular a las mujeres en los territorios para generar ese fortalecimiento y construcción del tejido social”, señaló.

La experiencia en Montes de María también mostró, de acuerdo con Sergio, que el impacto social puede ir más allá de los recursos entregados. En una zona afectada por la violencia, el proyecto reunió a personas con diferentes historias alrededor de una iniciativa productiva. “Más que dar plata, uno tiene que mirar es el abordaje en el territorio de una manera totalmente estratégica. ¿Cuáles son los factores que están en el territorio? ¿Cómo lo voy a apalancar y cómo lo voy a fortalecer?”, afirmó. 

Ese trabajo, agregó, tampoco puede construirse de espaldas a las comunidades. “No llegar a los territorios creyendo que porque soy la empresa Pepito Pérez o porque soy yo de la universidad tal, toda me la sé. No, hay que cocrear en los territorios con todos los actores. Yo aprendí y tengo una lección aprendida que llama humildad”, dijo Sergio. 

Adriana Solano llevó esa discusión hacia las cadenas de suministro. Planteó que la responsabilidad debe extenderse desde las empresas de mayor tamaño hacia sus proveedores directos y también hacia los eslabones posteriores. “¿Cómo los acompaño a garantizar que no va a haber esa precariedad laboral, que van a haber esas buenas condiciones, que va a haber un buen uso del ambiente, que van a haber elementos de buenas prácticas de formalización?”, preguntó.

La ejecutiva sostuvo que ese acompañamiento debe estar respaldado por evidencia y no únicamente por declaraciones empresariales. “La sostenibilidad sí está pasando por un momento trascendental y es que claro, como arrancó muy desde la filantropía y desde ese sentido, ahora se está volviendo muy enmarcada en la acción y en lo concreto. Pero ese marco de la acción y en lo concreto también tiene que quedar evidencia objetiva”, afirmó. 

Solano también señaló una tensión que todavía permanece en las relaciones comerciales: la selección de proveedores por precio. “Yo aquí voy a ser un poco disruptiva, pero todavía seguimos seleccionando proveedores y aliados por precio. Y las inversiones que hacen en cuidado a sus trabajadores, en cuidado ambiental, en trabajar con las comunidades desde lo social y devolver esas iniciativas aún no se valoran en todos los casos”, sostuvo.  Lina González, por su parte presentó como ejemplo Misión La Guajira, proyecto emblemático de Grupo Aval que lleva dos años desarrollándose en 98 comunidades de Manaure y Uribia, con soluciones de agua, energía y productividad. La ejecutiva explicó que el capital inicial provino del grupo, pero que la permanencia del proyecto dependía de la participación de las comunidades.

“Esto no es algo impuesto porque pues a lo mejor ellos no querían tener el agua cerca o no querían tener la llave, sino preferían seguir yendo dos horas a pie con su burro y con sus tinajas a sacar el agua y devolverse otras dos horas. Entonces la concertación es demasiado importante”, señaló.

La experiencia incluyó comités de agua, capacitación de fontaneros y formación de mujeres artesanas, quienes generan recursos mediante sus productos y pueden contribuir al mantenimiento de las soluciones. Lina relató que un líder comunitario llegó a decir: “No, es que gracias a esto yo ya logré pensionar al burro”.

También contó que, después de que unos niños rompieran un panel solar jugando fútbol, la comunidad reunió dinero para reemplazarlo. “Entonces, ver que sí hay un compromiso en este tipo de anécdotas tan sencillas, tan coloquiales que les pongo en la mesa, nos demuestra a nosotros que sí va a tener esa sostenibilidad en el tiempo”, afirmó.

El reto, sin embargo, también está en las empresas más pequeñas. Sergio Rengifo planteó que deben concentrarse en desafíos como la emergencia climática, la pérdida de biodiversidad y la creciente desigualdad, mientras Adriana Solano insistió en que la sostenibilidad debe entenderse como un mecanismo de permanencia. 

Para ella, esas empresas pueden apoyarse en cajas de compensación, cámaras de comercio y el sector financiero. Lina González, por su parte, llamó a simplificar el proceso y empezar por la propia organización. “Yo creo que también la sostenibilidad se ha convertido como en esa sopa de letras de reportes, de mil y un estándares que realmente las grandes empresas lo podrían llegar a sortear porque contratan a una persona para que se dedique a eso y tú lo sacas adelante”, afirmó.

La ejecutiva cerró con una idea que resume el llamado para las compañías de menor tamaño: “Yo no tengo que comenzar afuera, yo tengo que comenzar adentro. ¿Cómo hago que mi producto no tenga impacto, tanto impacto ambiental o cómo busco otras soluciones? Creo que todo eso hace parte de esa creación de valor, de además cuál va a ser mi propósito de existir como compañía”.

Para los panelistas, ese tránsito —desde la inversión social hasta la gestión interna— muestra que la sostenibilidad ya no se limita al tamaño de una empresa, sino a la manera en que cada negocio gestiona sus riesgos, personas, recursos y relaciones con el entorno.

Julián Andrés González Vargas

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