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Riesgo regulatorio y cautela en la inversión marcan el panorama empresarial en Colombia

Según el presidente de Mercer para Latinoamérica, el reto es gestionar la complejidad del entorno.

La inversión empresarial en América Latina sí ha cambiado de naturaleza: es más cauta. Foto: iStock En un entorno marcado por una mayor volatilidad política y económica en América Latina, las empresas enfrentan un escenario cada vez más complejo para planear e invertir. De acuerdo con André Maxnuk, CEO de Marsh McLennan México y presidente de Mercer para Latinoamérica y el Caribe, el principal desafío no es solo el contexto externo, sino la capacidad de las organizaciones para gestionar la complejidad, anticipar escenarios y adaptarse a riesgos como la incertidumbre regulatoria, los cambios en la política comercial, el mayor costo de capital y las dinámicas del talento en la región.  ¿Cuáles son las principales amenazas que enfrentan las empresas hoy en la región? 

El mayor riesgo no está tanto en el entorno en sí, sino en la capacidad de gestionar su complejidad. Obviamente, el contexto de volatilidad política y económica, que hoy es cerca de un 30% más alto que en los últimos años, agrega presión. 

De alguna manera, los escenarios económicos de crecimiento, inflación y tasas de interés hacen que sea mucho más complejo para las empresas mantener una visión de largo plazo, por lo que deben enfocarse más en el corto plazo ante la volatilidad. En cuanto a la estructuración de operaciones, influye toda la política económica de los países y las decisiones que tome Estados Unidos a nivel regional; por ejemplo, el aumento de aranceles, la guerra comercial con China o la presencia, o ausencia, de China en la región. Todo esto impactará eventualmente los costos de operación y la competitividad de los productos frente a otros mercados.

 El costo de capital, en general, está globalmente más alto, unos 150 puntos básicos más que el año anterior. Además, los movimientos en logística y cadena de suministro podrían elevar aún más esos costos en Latinoamérica, afectando también la competitividad.

Finalmente, en el área de riesgo y oportunidades vinculada al talento, este contexto de volatilidad puede modificar los flujos de personal. Es posible que, ante inversiones en un país cuya situación económica se debilite más de lo previsto, el talento busque salir, generando un desajuste entre el flujo de inversión y la disponibilidad de talento.   ¿En qué países identifica más riesgos y por qué? 

En América Latina el riesgo no es homogéneo. Más que hablar de países “buenos o malos”, desde Mercer hablamos de distintos niveles de riesgo que requieren distintas estrategias empresariales. 

Hay países que presentan riesgos mayores, como Venezuela, dadas las incertidumbres sobre lo que viene tras la intervención de Estados Unidos a inicios del año. Podría ser una buena noticia en términos de estabilidad futura y mayor credibilidad, pero todavía es incierto. 

Argentina se ha estado recuperando bien en los últimos años; sin embargo, aún mantiene una inflación alta, un nivel elevado de confrontación interna y un entorno que no termina de ofrecer condiciones para inversiones sólidas en el mediano y largo plazo. 

Este país tiene todavía temas pendientes en varias industrias para estabilizar su situación. ¿Dónde ubica a Colombia y sus vecinos?

Con un riesgo moderado se encuentran Ecuador, Perú y Colombia. Sus fundamentos parecen sólidos, con un crecimiento anual de entre 2 % y 3 % y cierta convergencia en inflación que aporta estabilidad monetaria. No obstante, persiste una fragilidad fiscal marcada por altos niveles de deuda, además de las negociaciones arancelarias con Estados Unidos que afectan especialmente a Colombia.

Brasil se ubica también en un nivel de riesgo medio. La economía se ha recuperado y muestra indicadores mejores que en años anteriores, pero tras un año electoral habrá mucha especulación. 

Hoy muchas empresas están invirtiendo confiadas en la estabilización económica, mientras otras adoptan una postura de “esperar y ver” ante la sucesión presidencial. La incertidumbre sigue presente para definir inversiones más robustas. 

Por otro lado, los países con menor riesgo relativo son México y Chile. Sus economías muestran estabilidad macroeconómica, baja tendencia inflacionaria, tasas de interés aún altas pero en descenso y estabilidad política. 

Pese al riesgo que puede implicar la renegociación del tratado comercial con Estados Unidos, México mantiene una situación favorable. En 2026 podría enfrentarse un escenario complejo por la definición del futuro del T-MEC, aunque con oportunidades positivas.    ¿Puede haber algún efecto de la situación política y económica en Venezuela sobre el clima de negocios en Colombia y la región? 

El escenario de Venezuela sigue siendo incierto. No se puede predecir todavía lo que va a pasar, aunque la expectativa —dependiendo del nivel de intervención de Estados Unidos— es que pueda generarse una mayor estabilidad o incluso retomar cierta inversión, por ejemplo, en el sector de petróleo y gas. Sin embargo, todavía es difícil determinar cómo esto afectará finalmente el clima regional.  

 ¿Cuáles son los retos y oportunidades de las empresas hoy, y especialmente de las multilatinas? 

Estratégicamente, hay una gran oportunidad de identificar nuevos nichos o sweet spots. Los movimientos globales derivados de la política norteamericana —en relación con los aranceles y la competencia con China— abren espacio para reajustar escenarios y aprovechar oportunidades emergentes. Puede que uno u otro aliado busque mayor apoyo en ciertas industrias, generando tanto riesgo como oportunidad. 

Todo dependerá de que las organizaciones sean lo suficientemente ágiles para adaptar sus planes de negocio y estrategias de largo plazo. Esto crea un terreno fértil para los first movers, es decir, quienes mejor entiendan la perspectiva externa y diseñen escenarios anticipadamente. 

Por otra parte, factores como logística y cadena de suministro seguirán siendo cruciales. Pueden abrir oportunidades ligadas al nearshoring, la sustitución de centros de producción hacia países con ventajas de costo o nuevas rutas comerciales.

Así, aunque la volatilidad representa un riesgo, también puede ser una oportunidad para repensar la operación según los contextos macroeconómicos y las decisiones políticas.   En cuanto al talento, Latinoamérica mantiene una ventaja relativa frente a otras regiones más maduras gracias a su fuerza laboral en crecimiento. 

Por eso hoy vemos varios hubs globales de operación establecidos en México, Colombia y Brasil, que atraen talento calificado capaz de soportar funciones globales. ¿Qué otros riesgos identifica?

 Un riesgo relevante sigue siendo el regulatorio: los cambios recientes o esperados en diferentes ámbitos, como salud o salario mínimo, en el caso de Colombia, obligan a las empresas a mantenerse alertas y ágiles ante posibles ajustes de corto plazo. 

En general, el gran desafío para las multilatinas y las empresas en la región es revisar su organización para hacerla más ágil, contar con las competencias adecuadas, incrementar la productividad (principalmente mediante inteligencia artificial) y mejorar su competitividad y capacidad de reacción frente a la volatilidad. En conjunto, el panorama sigue siendo positivo, aunque todavía muy cambiante. Teniendo en cuenta el panorama, 

¿Cómo ve las dinámicas de inversión de las empresas frente al año pasado? 

Desde Mercer observamos que, comparado con el año pasado, la inversión empresarial en América Latina no se ha detenido, pero sí ha cambiado de naturaleza: es más selectiva, más cauta y mucho más enfocada en retorno y resiliencia. 

En términos agregados, la inversión privada en la región muestra niveles similares o ligeramente superiores al año pasado en algunos mercados, pero con un cambio fuerte en su tipo: menos apuestas grandes y más inversiones modulares, escalables y reversibles.    

¿Qué puede ocurrir con el interés de inversión en Colombia teniendo en cuenta la coyuntura electoral?

La diferencia entre atraer o no inversión en estos contextos no radica tanto en el ciclo electoral en sí, sino en la capacidad de ofrecer previsibilidad, reglas claras y espacios de diálogo con el sector privado. En contextos electorales, las empresas no dejan de invertir; lo hacen con más información, más escenarios y un mayor nivel de cautela.  

Constanza Gómez Guasca Redacción de Economía y Negocios  

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